Esculturas hechas de metal, fibra de vidrio, llantas, cadenas de bicicleta y otros elementos reutilizados, que representan dioses prehispánicos, principalmente zapotecos, forman parte de la exposición “Máscaras y dioses”, del artista Amador Maya, inaugurada el viernes 13 de marzo, en la sala Rufino Tamayo de la Casa de la Cultura Oaxaqueña.

Antes de ingresar a la sala, los visitantes podrán ver una escultura monumental, hecha de llantas recicladas y metal, de 3.60 metros de altura, que representa a Quetzalcóatl. Es una de las obras más destacadas en esta muestra y ha sido exhibida también en la Universidad Anáhuac Oaxaca y en el Jardín Morelos. El montaje de esta pieza, de casi dos toneladas de peso, a decir del artista, siempre implica un: “esfuerzo titánico: hay que usar un sistema de poleas para subir la obra a una estructura de metal. La obra se divide en cinco partes que se unen, y es una gran satisfacción cuando el público la ve”. En este caso, las llantas han sido acopladas para semejar las plumas del dios prehispánico que muestra la ferocidad de su ser a través de un rostro silencioso que grita desaforadamente. Una de las obras más intensas y mejor lograda de la exposición.

En la sala se pueden apreciar trece esculturas de distintos tamaños, en las que Amador Maya refleja su habilidad para usar elementos disímiles en la construcción de las deidades: tapas de botellas, antiguos cassettes de música, fragmentos de juguetes, cámaras de llantas de bicicleta y más, forman parte de los materiales, pero la imaginación cotidiana es la materia prima, y a partir de ella, el artista convierte en arte lo que para otros sería basura.

“Yo siento que el material ya trae una historia y, cuando sabes escucharlo, te dice dónde quiere estar, de qué quiere formar parte. Yo siento que sólo soy quien pone la pieza en donde ella me dice que quiere estar. Siento que hay una energía en la materia”, dijo el artista, en entrevista.

Cráneos, máscaras, penachos, son elementos que se pueden apreciar en la sala Rufino Tamayo. Xóchitl, Despierta, Rostro perpetuo, Ancestral cielo, Emperador de los siete dioses, son algunas de las obras que podrás ver. En el recinto, destacan dos piezas. Una de ellas es un políptico llamado Puerta de los dioses, hecho precisamente a partir de una puerta vieja, de metal, en la que el artista recrea el rostro de cuatro deidades que invitan a observarlas con detenimiento para descubrir de qué están hechas. “Era una puerta que estaba en casa de mis papás, en la azotea. Abrir esa puerta, de niño, representaba mirar el cielo y, ahora, convertir esa historia en una pieza de arte, es resignificar no solo la puerta sino mi pasado. Es un material que evoluciona y hace sinergia con otros materiales”.

La otra es la obra más grande montada en la sala: Sangre azul, un ensamble de metal de 1.50 x 1.50 m, una deidad que mira a los paseantes fijamente, y los invita a recorrer la sala.

 

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